Recorrido por la Sierra de Irta (2)


A veces desconocer completamente lo que te vas a encontrar en el camino puede ser una gran ventaja aunque eso es cada vez más improbable con la gran cantidad de medios a nuestra disposición. El factor sorpresa que es la salsa de la exploración de nuevas rutas y paisajes se diluye aunque al final esa situación puede llegar a cambiar totalmente. Después de seguir el camino polvoriento del primer trayecto entrando en la Sierra de Irta pensé que la continuación sería muy parecida, por suerte todo cambió.
El tramo central del camino que atraviesa esta pequeña cadena montañosa se pega al mar para no volver a separarse de él, ya sea de su mano o dominando la vista de la costa.
Aunque la dureza del terreno persiste y tengo que ir "bailando" entre las piedras, avanzo con ligereza ante lo despampanante de un camino en el que ya no pasan coches y se comparte únicamente con ciclistas extasiados. Cada pocos cientos de metros un rincón te pide que te pares para degustar su estética única, su aroma de plantas de sierra y mar aderezadas con el salitre en suspensión y el camino sigue rápido y lento al ritmo de la mirada golosa. Al final del circuito planeado un premio, la torre medieval que domina el camino y ese pequeño mundo de seres que lo recorren embobándose en un espacio único en el que el tiempo queda al margen de casi todo. Al fondo Peñiscola, como otro premio a conseguir después de atravesar unas montañas que más que una barrera son el mejor pasatiempo de los caminantes, corredores y ciclistas.
La vuelta se hace rápida y dolorosa pues el baile ya es torpe y algunas piedras puntiagudas castigan mis pies y mi temple. El atardecer marca la vuelta de este prodigioso recorrido para los que aman correr porque sí.

Sierra de Irta 2

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