Volta a Peu a Cullera


Despues de unos días de lluvias inmensas poder ir a correr a Cullera resultó un bálsamo paradisíaco. Con un camino por conquistar lleno de mares, playas, faros y visiones perfectas era el mejor escenario para gozar del tierno sol de otoño con el aire más limpio de la temporada.
Mil corredores es una cifra mágica. Ni muchos ni pocos, el número ideal para convertir un pueblo en una fiesta y una carrera en un pueblo de atletas.
Disfruté mucho corriendo por primera vez en Cullera. Era algo que quería hace desde hace tiempo porque siempre me había parecido un lugar con mucha magia. Debajo de esa montaña acogedora con un rótulo de películas épicas que se pequeño siempre me sugería la idea de ser un lugar fetiche, de aquellos en los que se proyectan las ensoñaciones.
La carrera para mí fue tranquila aunque briosa, con algunas incidencias graciosas como que una sandalia floja me saliese despedida por los aires y otras no tanto como que también me saliese despedida mi cámara de fotos con fatales consecuencias. Supongo que es inevitable que el hecho de fotografo-corredor suponga implicaciones para ambas modalidades que a veces se complementan pero otras se entorpecen.
Acabé la carrera con mi compañero Ángel, uno de los mejores corredores minimalistas del territorio. Al final, reencuentro fotográfico y real con mi mujer para compartir las incidencias y maravillas del recorrido. Resumiendo una mañana perfecta.


Selección VP Cullera