10 primeros días de entrenamiento descalzo


Por fin di el paso de correr sin nada bajo los pies. No es que fuese una decisión meditada, no lo fue. Tenía que reiniciarme y alguien a cuya intuición no puedo dejar de atender me lo sugirió. Y así, comencé sin más ni más. Primero 300 metros y así subiendo más o menos 200 o algunos más, hasta los 2500 metros de hoy.
No es gran cosa. Hay muchos corredores descalzos ya por el mundo, pero para mí ha sido importante.
Pensaba que no podría hacerlo. Me daba mucho yu yu lo de correr así por los temores comunes: erosiones, incomodidad, heridas, etc., y ese miedo a lo desconocido tan extendido.
Pero no le di vueltas a nada y sencillamente me puse a ello.
La experiencia está siendo fantástica. El minimalismo me aportó una mayor conexión con mis pies y con la superficie que pisaba, pero esto es completamente diferente. La mente se abre a la tierra y la tierra, o el suelo, el asfalto, el cemento, las piedras, la hierba se convierte en otro escenario que me llena de sensaciones.
Estos diez días corriendo descalzo he experimentando desde la fragilidad y la inquietud inicial al iniciar los primeros trotes, al entusiasmo de sentirme plenamente integrado y concentrado en lo que estaba haciendo. Están resultando entrenamientos breves, lógicamente, pero llenos de intensidad y plenitud. Poco a poco voy integrando la mirada, el movimiento, el tacto y la concentración en el correr, aunque me queda mucho, mucho.
Lo mejor de todo es la sensación de disfrute de una aventura y un reto, al mismo tiempo tan accesible para todos y por otro tan lejano.