La montaña me lanza en el llano. 10K playas de Alcocebre

Album de fotos de la carrera


Cuando el mes pasado decidí que la progresión en la montaña la haría más pausada, intercalando entrenamientos de montaña y de asfalto en llano de forma continua no me imaginaba los buenos efectos de esta fórmula. Ya noté que algo iba bien hace tres semanas al bajar la barrera de los 39 minutos en Benicàssim y ayer lo pude confirmar bajando tiempos acercándome a unos 37 que veo cercanos. Todo en muy poco tiempo. Ritmos y tiempos en diez mil metros que hace pocos años me parecían imposibles ahora no me parecen descabellados. Así que puesto que esto parece que funciona seguiré con ello. Ahora me queda comprobar cual será mi desempeño en la siguiente prueba de montaña que tengo prevista el 2 de octubre en Vilafamés. Tiempo al tiempo.

Lo sorprendente del día de ayer es que fui a Alcocebre a hacer el 10K con no muy buenas perspectivas pues había pasado una semana muy flojo de fuerzas en los entrenamientos, con síntomas alérgicos acusados por el cambio de estación y en general, poco ánimo. Sin embargo, las carreras tienen ese mecanismo mágico que hace que cuando dan la salida cambias a un plano en el que tu mente y tu cuerpo son otros mejorados. A veces, al terminar una carrera, cuando ha pasado un rato, recuerdo la carrera como una especie de sueño en otro momento diferente. Y así, comencé a correr sintiendo mis piernas y mi cuerpo muy ligero por lo que enseguida me vi muy por delante del pelotón principal, tanto que me asusté un poco porque siempre he tenido tendencia a desbocarme al principio. Pero ayer me sentía especialmente bien y seguí corriendo a un ritmo fuerte pero controlado. El ritmo partió de unos 3.30 el primer kilómetro pero se fue moderando alrededor de los 3.45 minutos por kilómetro. El lugar me era familiar pues había veraneado allí y por supuesto había entrenado por todos los paseos, caminos y playas. El peligro de reventón se fue alejando pues ya a mitad de carrera me había estabilizado en la posición respecto a un pequeño grupo de corredores y no parecía que fuesen a cambiar las cosas. Supuse que podría hacer un buen tiempo pero comenzaron a aparecer algunas fuertes cuestas en ascenso que nos rompían totalmente el ritmo, al poco teníamos su correlato bajando, pero a mí me hacía sospechar que perdía más subiendo que lo que ganaba bajando.

Los comentarios por la zona del paseo de la playa fueron constantes haciendo referencia a mis pies. Las señoras mayores me ofrecían sus zapatos y a mí se me ocurría la imagen totalmente surrealista de llegar a meta con zapatos de tacón. Me daba pena que corredores que me acompañaban que se iban esforzando a tope, lo único que oyesen del público fuesen referencias a mis pies descalzos. Les debían pitar los oídos con el tema y no me extraña porque algunos comentarios ya sonaban a manidos y pesados. Tengo ganas de que haya muchos corredores descalzos entre otras cosas para dejar de escuchar comentarios tontorrones.

Así en la última cuesta arriba que ya subía en el kilómetro 8 hacía la zona urbana de meta me vacié por completo para intentar apurar segundos. No tenía ni idea de como iba a llegar pero por la situación de carrera y por mis propias fuerzas pensaba que no estaría muy mal. Giré una última curva y a doscientos metros estaba la meta. Terminaba de pasar el minuto 37 y comenzaba el 38, así que apreté para arañar algún segundo más. Al final 38 minutos con 19 segundos, mi mejor tiempo en 10K, más de 20 segundos de diferencia con el anterior en Benicassim a pesar de las cuestas. Me sabía a gloria. Quedé en segunda posición de mi categoría exactamente detrás del mismo corredor que había ganado en Benicassim, con unos vertiginosos 34 minutos. Queda mucho que trabajar para llegar ahí, pero ¿por qué no?