Explorando límites al viento. Media Maratón de Xirivella




En la vida de corredor hay distancias con las que te llevas bien y otras con las que no te terminas de llevar. Hace veinticinco años la media maratón era mi distancia favorita y llegué a hacer tiempos bastante majos, pero en los últimos años no sé qué pasaba, que no terminaba de cogerle el punto. 
Hoy creo que rompí ese maleficio. Otra vez, por suerte, contando con un gran aliado, mi amigo Angel Abella, que como maestro de ceremonias descalcistas me llevó casi de la mano a conjurar mis lentitudes pasadas.

Antes de comenzar tuvimos buena conversación con un montón de buenos amigos corredores del Cinco Dedos: Victor, Javier, Jesús, Juan Carlos y alguno más. Se nos pasó el rato conversando y casi ni fuimos a calentar. El buen humor a veces puede sustituir un calentamiento, pero no es conveniente abusar y aun aprovechamos los últimos cinco minutos para ello.

Un gran ambientazo se vivía en Xirivella esa mañana con casi mil trescientos corredores que se movían por todas partes preparándose para salir. Jesús, Angel y yo nos colocamos de rondón en uno de los postes de la línea de salida. El grueso del pelotón estaba muy compactado para salir y no veíamos manera de situarnos bien si queríamos ahorrar esos preciosos segundos que luego tendrían mucho valor. Así que cuando la carrera salió con alguna peripecia equilibrística nos colocamos en buena posición y salimos en la explosión expansiva de corredores que tomaba la avenida. 

Corriendo con Angel y con Jesús en la primera parte de la carrera.
Como el plan era ir a cuatro minutos por kilómetro y a mitad de carrera iniciar un mayor ritmo intentábamos refrenarnos para llevar a cabo el plan. Pero el día no estaba para cuadraturas. El fuerte viento de esa mañana, nos empujaba en algunos tramos y nos frenaba en otros y los resultados de ritmo iban bailando de forma caótica. Así que nada, corrimos como pudimos y nos defendimos de la adversidad lo mejor posible. Jesús nos acompañó más de la mitad de la carrera manteniendo el ritmo desordenado al que íbamos. Luego obtendría un fantástico resultado bajando tres minutos su mejor tiempo.

Con Angel Abella, mi gran aliado.

La carrera seguía más o menos con energía a pesar de los frenazos a los que nos sometía la ventolera. Íbamos pasando muchos grupos hasta que llegamos a un punto en el que estábamos casi solos. En el kilómetro quince llegó nuestro calvario particular. Un tramo totalmente al descubierto en la huerta de Valencia con un viento de frente tremendo y con un asfaltado destrozado que se te clavaba en los pies. A mí el asfalto malo apenas me refrenó gracias a mi entrenamiento en montaña. Angel se descolgó un poco porque aunque está mucho más fuerte que yo, la piel no la tenía tan acostumbrada a una superficie tan abrasiva. Cuando llegamos al kilómetro dieciséis y cambiamos la dirección yo me sentía fundido por la lucha contra el viento. Angel me recuperó la distancia en cuanto el asfalto mejoró y fuimos recuperando segundos. La sensación era de gran pérdida pero luego pude comprobar que solo se fueron veinte segundos en comparación con los kilómetros anteriores. Pero yo comenzaba a sentirme tocado.

Los kilómetros que quedaban ya eran otra cosa, el asfalto mejoraba y había una ligera caída cuesta abajo hasta el final. Sin embargo, otra ventolera de frente en el kilómetro diecinueve amenazaba con aniquilarme antes de llegar. Angel me espoleaba y no dejaba de darme ánimos. Yo no quería que se agotase hablándome y le indiqué que estaba bien, que llegaba. El kilómetro veinte se presentó en una recta larguísima en la que al final se adivinaba el arco de meta. Se me hizo eterna. Quería esprintar, salir disparado pero sentía las piernas de plomo, no podía, era horroroso. Luego comprobé que fue el kilómetro más rápido. ¿Quién lo diría?

Tras cruzar la meta con Recaredo Agulló

Cruzar la meta fue muy dulce. Una auténtica maravilla. El marcador indicaba una hora y veintitrés minutos, mi tiempo más rápido en cinco minutos en mi etapa descalcista y además en esas condiciones tan complicadas. Luego comprobaría que mi posición entre 1260 corredores era la 25, lo que me parecía imposible. Me sentía feliz.  Nada más cruzar, el gran Recaredo Agulló nos hizo subir al estrado para hacernos unas preguntas y aunque jadeantes aún, estuvimos encantados de hablar con él.

Charlando tras la carrera con el gran campeón Luis Felix Martínez, ganador absoluto de la prueba.

Llegar, encontrar a los demás amigos, disfrutar de sus triunfos. Víctor con una hora diecinueve también mejoraba sus tiempos y todos estábamos pletóricos.
En todo caso, esta carrera hubiese sido muy diferente si no llega a ser por la indispensable compañía y apoyo de Angel, gran aliado en este ascenso a mi mejor forma en años. Gracias.