Disfrutando de las carreras. 10K de Sant Mateu.



Al final, después de tantos años corriendo a veces te planteas porque sigues haciéndolo y por qué sigues acudiendo a competiciones que vistas desde fuera podrían parecer repetitivas. Hoy, mientras calentaba en un fría mañana con mis pies desnudos sobre el suelo de piedra de la Plaza Mayor de Sant Mateu lo tenía claro: por las sensaciones de intensa viveza que te proporciona esta forma de moverte por el mundo. Y así, ni el frío, ni la modorra de la conducción previa, ni cualquier pequeña molestia que pudiese tener unos minutos antes tenían la más mínima importancia. Con una vestimenta claramente inapropiada para la temperatura del momento, y qué diríamos del calzado, daba vueltas con una alegre excitación alrededor de la zona de salida que reverberaba de alegría con los muchos corredores que ya estaban preparándose y el buen hacer del speaker Raúl Puchol que apasionado con su tarea nos exaltaba a todos el ánimo y las ganas de salir a correr.


Conversando con Sandra Cervera una de las mejores corredoras del momento.
Mi última competición había sido la maratón de Valencia pero las sensaciones de atención, un punto de incertidumbre y excitación iniciales eran en realidad las mismas. Y al mismo tiempo y como siempre saludando a amigos corredores y no corredores que coinciden en estos eventos con la alegría lógica de vivir una fiesta más. Hoy además me llevé la alegría de que me saludasen el presidente del club Muntanya Sant Mateu y del concejal de turismo que fueron alumnos míos. Que a uno le saluden sus alumnos al cabo de unos años es algo que resulta reconfortante por motivos obvios.




Y la carrera comenzó de forma muy peculiar porque lo hizo cuesta arriba y con una triple curva lo que despistaba bastante para empezar. Yo me había propuesto bajar mi anterior marca de Nules y acercarme en la medida de lo posible a los 35 minutos. Enseguida comprendería que este no era el día para ello. Éramos unos doscientos cincuenta en el pelotón de corredores lo cual era más que suficiente para sentir el calor de un buen grupo de corredores con los que compartir la mañana. El grupo de cabeza como siempre explotó a un ritmo brutal. Siguiendo las instrucciones de mi reloj GPS me situé mentalmente en un ritmo de 3:35 con la esperanza de mantenerlo. En el tercer kilómetro llegó una zona de cuestas no muy fuertes pero suficientes para bajarme la marcha o bajarme los humos, era cuestión de elegir. Regulé y bajé unos segundos de media, me pareció razonable pues seguían sucediéndose los kilómetros y algunos tramos de curvas cerradas y otras cuestas, sobre todo la que se acercaba ya al kilómetro cinco no estaban por la labor de que mejorase marca.  


El recorrido por la bella localidad de Sant Mateu resultó muy entretenido
El tope de las fuerzas no iba con las piernas ni con los pies que estaban todo lo sueltos que uno puede desear e incluso más. Y así cerré la primera vuelta de cinco kilómetros por la zona de meta y comencé la segunda. Fui solo desde el segundo kilómetro. Delante de mí iba la primera mujer, la gran campeona  Laia Cañes a la que veía ganarme distancia metro a metro hasta que la perdí de vista. Yo seguía perdiendo segundos en la media de ritmo pero aún me mantenía en registros que me parecían estupendos para el perfil de la prueba. Como ya conocía el circuito de la vuelta anterior la segunda vuelta comenzó a desaparecer rápido bajo los pies. En general todo iba muy bien y yo me deslizaba por las calles de Sant Mateu como si siempre hubiese corrido allí. Esos momentos extáticos se concentran como un objeto en el que refinamos la vivencia del tiempo y luego se convierten en joyas para la memoria. Así, ahora recuerdo todos esos pasos, todas esas sensaciones como si hubiese asistido a una obra de teatro participativo en el que ninguna otra cosa importaba.

Llegué a la cuesta final, de la antesala de la recta de llegada y gasté todas las reservas de fuerza que me quedaban. No haría mi mejor tiempo pero haría un buen tiempo. Seguía solo y ya no pasaba a nadie ni nadie me pasaba a mí aunque durante algunos cientos de metros tuve una respiración cerca, esta se alejó cuando me vacié para arrancar en ese último tramo los segundos que pudiese recuperar.


Todas las llegadas son dulces y saladas.

Treinta y siete minutos con treinta y nueve segundos estaban muy lejos de mis expectativas para este día, pero 
me supieron a gloria pues con mi décimo tercer puesto en la general y dadas las circunstancias del terreno no podía pedir más. La llegada reconfortante, el reencuentro con la familia, el saludo de los amigos, bebidas, bocadillos. ¿Qué más se puede querer? Yo me sentía genial y la organización se ocupaba de que todos estuviéramos arropados y atendidos. El 10K de Sant Mateu en su primera edición constituyó una exitosa fiesta, sobre todo por la ilusión con la que se notaba que habían preparado todo. 

Al final, tuve el mejor premio, subir con mi hijo al primer puesto del podium de la categoría de veteranos B. La vuelta a casa bajo un cálido sol de invierno con los trofeos, queso y aceite incluidos y la sensación de haber cumplido, son elementos más que comprensibles para ponerse a pensar en la siguiente carrera.

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