Comienza 2017 y mejoran las expectativas. 10K de Valencia - Ibercaja

Compartiendo el pódium minimalista con dos grandes corredores como Ángel Abella y Juanan Murciélagos

La primera carrera de este nuevo año ha sido lo que de alguna forma se está convirtiendo en mi especialidad, al menos en resultados, el 10K. Me resultaba muy atractiva la idea de hacer esta distancia en Valencia. Una carrera que se presentaba con un enfoque muy dinámico tanto en su presentación previa como en su puesta en escena. Ya solo por el equipo de guantes, gorro y camiseta con un diseño muy elegante ya merecía la pena apuntarse. Pero además nos íbamos a reunir en la prueba decenas de corredores descalcistas y minimalistas en lo que ya se configura como un metaclub compuesto por muchos integrantes de diversas agrupaciones deportivas pero que compartimos un vínculo deportivo y amistoso importante.

Ángel Abella y yo nos conjuramos de nuevo para afrontar un nuevo reto, alcanzar el tiempo de 35 minutos descalzos. No iba a ser sencillo pero era una forma lógica de ir encarándolo y tal vez... Yo me sentía confiado porque mis últimos resultados en esta distancia me transmitían muy buenas sensaciones y mis pies parecían pedírmelo.

Encuentro previo a la carrera con muchos amigos minimalistas y descalcistas

Esta mañana hizo un frío poco habitual en Valencia. Con poco más de cuatro grados a las nueve de la mañana la temperatura amenazaba con dejarnos tiesos si nos quedábamos demasiado tiempo parados. Después de los esperados encuentros con muchos amigos, fotos de grupo, saludos e intercambios de impresiones comenzamos a calentar aunque apenas disponíamos ya de menos de diez minutos para hacerlo. Los más de diez mil corredores que llenaban el Paseo de la Alameda de Valencia nos impedíamos unos a otros movernos con cierta libertad para corretear buscando la adecuada temperatura muscular. Esto comenzó a vislumbrar la situación que viviríamos después.

Cuando faltaban cinco minutos para la salida decidimos meternos en el box correspondiente a nuestra previsión de tiempo, el de 41 a 34 minutos. Esa horquilla de tiempos resultó muy grande y cuando llegamos varios miles de corredores ya estaban apelotonados frente a la línea divisoria del mismo. Nos dimos cuenta de que nuestra posición para salir iba a ser muy mala de cara a los resultados oficiales de la prueba. Nuestros tiempos reales tampoco parecía que se fuesen a ver beneficiados pues no sabíamos cuanto ralentizaría el que el pelotón se fuese enjugando y dejando espacios suficientes para correr. Ya en ese momento entreví que el reto del día se estaba poniendo muy cuesta arriba.

Sin embargo, si hay un objetivo fundamental en todos estos eventos es el de pasarlo bien y eso teníamos que lograrlo se pusiesen las cosas como se pusiesen, así que el buen humor y el ánimo no desapareció ni un segundo. Nos seguimos haciendo fotos en el pelotón con otros corredores y saludando a muchos conocidos que no nos veíamos hace algún tiempo. Correr es cada día más una forma de compartir y reencontrarte con amistades que se han fraguado a lo largo de los kilómetros por todos los pueblos y ciudades del mundo.

Y llegó el momento de la salida. La animación y la tensión se disparó como si en vez de una prueba de diez kilómetros se tratase de una de cuatro cientos metros. Ángel y yo salimos disparados intentando encontrar huecos que se abrían y cerraban de forma constante. Muchos, muchísimos corredores a ritmos muy dispares llenaban de forma completa la primera avenida y la segunda y encontrar el ritmo que nos habíamos propuesto era imposible. Rebasamos el primer kilómetro perdiendo bastante tiempo y encaramos el segundo a fuertes tirones para intentar recuperar. Íbamos zigzagueando en el segundo kilómetro entre pequeños grupos que cubrían de forma horizontal todo el ancho de la calle y aunque recuperamos algo de tiempo, fue a base de tirones y de ir haciendo cabriolas que a veces resultaban un tanto arriesgadas por sobrepasar casi cuerpo a cuerpo a otros corredores. Alguna vez me tocó pedir disculpas, espero que nadie se molestase.

En el tercer kilómetro la situación ya mejoró bastante aunque aún era irregular y los tirones se mantuvieron bastante trecho. Era una situación paradójica, estaba corriendo a un ritmo inferior del que me había propuesto y sin embargo el sobresfuerzo de buscarlo estaba resultando agotador. Por suerte en el kilómetro cuatro ya se normalizó la situación pero yo estaba algo tocado y a Ángel lo estaba viendo que tendía a irse hacía delante. Él se manifestó dispuesto a esperarme pero le dije que se fuese a ver si él lo lograba porque con el tiempo que llevábamos perdido y con el mareo de mantener el ritmo veía que para mí iba a ser muy difícil. Además si dos corredores van descompensados van sufriendo los dos y no es bueno para nadie. Así que le convencí y cinco minutos después ya le había perdido de vista.

En el kilómetro cinco  me intenté serenar y reposicioné mis fuerzas intentado fijar objetivos en los muchos corredores que llevaba por delante para ir rebasándolos poco a poco. El hecho de no tener que estar ya pendiente de hacer amagos, requiebros y más zarandajas me sentó muy bien y mis fuerzas se equilibraron y me sentí dueño de la situación. La media de tiempos iba mejorando poco a poco y por el kilómetro siete me hizo albergar una pequeña esperanza, no de llegar al 35 pero si de mejorar algo mi anterior mejor marca de 36.53. Así que me dejé llevar sin mirar ya demasiado el reloj y sí a los otros corredores que de forma recurrente iba pasando a algunos que al rato me pasaban, unos sí y otros no, como un juego de contrapesos, algo peculiar, un poco sospechoso tal vez.

La carrera estaba terminando y yo me encontraba bien, algo saturado, no sabría decir si más o menos que otras veces, pero sí un poco desanimado respecto a mis ambiciones de ese día. Así que llegué a la meta bastante tranquilo, sin intentar apretar mucho más, manteniendo el tipo y con calma. 

Pude ver un tiempo de 37 minutos y 10 segundos que luego en el tiempo real se convertiría en 37.02. Me pareció bien, dadas las circunstancias. Sin embargo, al ver las mediciones de mi GPS pude constatar que había hecho casi cuatrocientos metros más. En un circuito homologado como era este esa era una gran diferencia a la que encontré sencilla explicación en todas la maniobras que había tenido que hacer al principio de la carrera para ir buscando huecos en los que correr y desde luego en no poder seguir el trazado óptimo del recorrido. Después revisando mis parciales personales pude comprobar que había corrido 10 kms en 35 minutos 59 segundos. Me dio la risa tonta cuando vi estos datos. Había cumplido mi reto, para mí, para mi disfrute y satisfacción personal lo había logrado. Todo lo demás eran detalles porque lo que resultaba claro era que seguía mejorando y eso es lo que en verdad me importaba.

En algunas carreras lo que corres de verdad no es lo que recogen los cronos de la prueba

Al final, mi amigo Ángel llegó un minuto antes que yo y como había sufrido los mismos avatares también se podía descontar otro para sus estadísticas personales. 

Lo mejor de todo es que todos los conocidos que nos encontramos al final de la carrera estábamos contentos con el resultado obtenido y sobre todo con las sensaciones disfrutadas. 
Tuve el placer de compartir el pódium de la clasificación minimalista en una tercera posición, junto a Ángel que fue el segundo y el gran Juanan Murciélagos que hizo un tiempo fantástico de 34 minutos.

Al final, todos contentos.
Bajo un sol ya mucho más cálido volví a Castellón, con un bonito trofeo, un pack de productos de nutrición deportiva Kunon y la satisfacción del trabajo bien hecho.

RESTO DE FOTOS