El impuesto de la grava. Media maratón de Benicarló

RESTO DE LAS FOTOS



Desde que corro descalzo siempre he tenido claro que soy yo el que me tengo que adaptar al terreno y que nunca puedo esperar que me lo arreglen ni que esté totalmente a mi gusto. Con esa premisa he conseguido evolucionar y readaptar mis pies para poder transitar por cualquier tipo de terreno y además, creo que ha sido una gran suerte que haya sido así. Sobre todo, porque esta forma de pensar me ha ayudado a fortalecerme y a ser mejor corredor.

Pero he de reconocer que a veces no es fácil asumirlo, y este pasado domingo en la media maratón de Benicarló fue uno de esos momentos. Una vez más me acompañó mi amigo Ángel Abella para compartir la carrera descalzos y apoyarnos mutuamente. La carrera salía de Benicarló por el paseo marítimo, llegaba a las murallas de Peñíscola y daba la vuelta por la zona interior. Una auténtica delicia de circuito. Y bueno, motivados salimos como siempre a muy buen ritmo y la carrera iba como una seda. La participación no fue muy grande en esa ocasión con unos doscientos corredores y al final del paseo, ya en Peñíscola, pasado el kilómetro 10, Angel iba segundo y yo séptimo. Todo iba muy bien pues además el temporal que obligó a cancelar la media maratón de Nules a la misma hora, por allí no había llegado y el tiempo era magnífico.

En el kilómetro 12 entramos en una pasarela de madera sobre la marjal y unos cientos metros más adelante se abría un camino rústico forrado hasta los bordes de grava nueva bien gorda. La sensación de que te están mordiendo las pirañas sería muy dulce para describir lo que sentí al cambiar de terreno.  Fue un parón casi total. El tramo se extendía kilómetro y medio y había que salir de allí lo antes posible. Yo opté por irme por las orillas y pasarme del borde a una zona enmarañada de hierbajos en la  que no podía ver lo que había debajo. Fui moviéndome de manera bastante torpe en comparación a cómo iba y pasó lo inevitable, comenzaron a pasarme muchos corredores. Algunos de ellos se lamentaban de que no pudiese seguir el buen ritmo que llevaba, pero no había otra, así que continué salvando la situación lo mejor que podía. Y sí, al final se acabó ese tramo y pude salir de nuevo a un firme libre de piedras. Había perdido más de cinco minutos en relación con mi ritmo anterior, un auténtico abismo que ya no recuperaría.

Un poco desanimado retomé la carrera y recuperé algunas posiciones, pero ya no tenía sentido machacarme porque ni iba a mejorar tiempos ni iba a alcanzar ningún puesto relevante. Así que puse un ritmo lo más apañado que pude y seguí adelante disfrutando de la carrera.

Llegando a meta pude distinguir a uno de los veteranos con los que disputaba en otras carreras los primeros puestos pero ya no me daba tiempo a alcanzarlo. Lo curioso es que sí, este corredor fue el tercer veterano de mi edad, delante de él iba el segundo y dos puestos más allá, el primero. O sea, que aún por los pelos.  Ángel consiguió quedar el décimo de la general, a pesar del pedregal y fue tercero de su categoría, todo un logro dadas las circunstancias. De todas formas, al final me quedo con la sensación de haber resuelto bien una carrera que para un corredor descalzo era todo un reto, con un digno tiempo de una hora y treinta minutos y con la sensación de que todo es mejora.

Además, para hacer que nos sintiésemos reconfortados en la llegada de la carrera, bajo techo en el pabellón deportivo, nos esperaban unos buenos platos de fideua, macarrones, fruta y bebida hasta hartarnos y una cerveza de alcachofa que sabía genial. Yo aún tuve tiempo de disfrutar de un estupendo masaje a cargo de Ali, una naturópata tan simpática como buena profesional. Gracias, Ali, por hacer que los corredores nos sintamos tan mimados y cuidados al terminar una larga carrera. Si pasáis por Benicarló, podéis localizar a Ali, en https://naturterapiesali.wordpress.com/