Descalzo por las tierras del vino. 15K de San Antonio




Hacía mucho tiempo que no corría un 15K y este domingo en San Antonio (Valencia) iba a retomar esta distancia. Llegamos a localidad con 4 grados pero con una mañana soleada lo que por una parte intimidaba un poco para ponerse de corto pero daba esperanzas de que al final la cosa se arreglaría.
Metí esta carrera en mi agenda porque me interesaba mucho una prueba que me empujase a correr descalzo más rápido que en los entrenamientos largos que estaba haciendo en las últimas fechas para preparar la maratón de París. Al final si no le das un poco de caña al asunto acabas haciéndote muy lento en los entrenamientos y yo en eso soy bastante vago por lo que necesitaba un incentivo.

BUEN AMBIENTE Y PARTICIPACIÓN EN EL 15K DE SAN ANTONIO

Después de la recogida del dorsal y de una estupenda bolsa del corredor con todo tipo de útiles regalos (vino, impermeable, caldo, bebidas isotópicas, etc.) tocaba ponerse las pilas. La carrera comenzó un poco más tarde por los ajustes de tráfico, ya que ocupábamos una carretera importante y trote va, trote viene, todos compensábamos el fresco para no quedarnos tiesos. La participación era de trescientos y pico corredores por lo que nos sentíamos bien acompañados sin llegar a la multitud.  Algunas estrellas del circuito valenciano como Luis Felix Martínez garantizaban el nivel que iba a tener la prueba en su conjunto. 

Me situé en las primeras filas del pelotón para salir porque esa mañana iba en actitud de competición y quince kilómetros la percibo aún como una prueba corta en la que perder treinta segundos en la salida es perder un mundo. Y así salimos, disparados por las calles de San Antonio cogiendo ritmo a gusto en la gélida mañana. El circuito enseguida se manifestó como que no iba a ser muy rápido ya que había muchos repechos en todo el recorrido, algo que a mí por mis ochenta kilazos no me favorece nada. Pero bueno, había que concienciarse y atacar el asunto con ganas. Me situé bien e iba entre los quince primeros la mayor parte del tiempo. Incluso se puso por medio un tramo de unos cientos de metros de piedras horrorosas y puntiagudas por los que pasé apretando los dientes sin perder un solo segundo. Di gracias a que acabó pronto o hubiese acabado conmigo, ya que el esfuerzo que te suponer pasar por esos tramos sin perder comba es brutal.

MANTENER LAS POSICIONES INICIALES ES MUCHAS VECES UN JUEGO DE IDAS Y VENIDAS

La carrera rebasó el kilómetro cinco y entramos en un circuito que se repetiría dos veces, ya en el carretera, pasando por medio de inmensos viñedos y pequeñas aldeas. El sol ya calentaba y el fresco había desaparecido al menos en los cuerpos de lo corredores que nos desgañitábamos braceando subiendo los largos repechos de rectas inacabables. Seguía bien situado y aunque me sentía más lento que en otras carreras del estilo lo achaque a lo revirado del circuito, aunque tampoco me gustó demasiado la sensación de no poder igualar mis mejores ritmos. Uno tiene siempre como referencia lo mejor que ha dado y nunca quieres bajar de eso.

Pasamos de nuevo por el arco de meta cerca del kilómetro diez y había que dar otra vuelta y esta sería la definitiva. Iba bien de fuerzas y con ganas porque seguía bien situado, así que apreté un poco más. De hecho este último tramo de cinco kilómetros sería más rápido que el anterior. Pero no corres solo y veía que todo el mundo se estaba moviendo entre los corredores que me rodeaban. Algún corredor me pasó y yo pasé a algún otro. Ya en el kilómetro 13,5 en una larguísima recta de llegada con una pendiente que la hacía agónica, un grupo me quiso tragar, algo que no quería asumir de ninguna manera. Me relajé, bajé los brazos, cambié la cadencia acortando la zancada y acelerándola y comencé a ganar y a ganar ventaja al grupo y a pasar a algún corredor que antes me había pasado. Pero ya iba cansado y en los últimos trescientos metros aflojé el ritmo. Me quemaba un poco que después de quince kilómetros estuviese jugando al gato y al ratón con otros corredores en los últimos metros, pero eso es lo que había. Y así doscientos metros antes me pasó un corredor que identifiqué como de mi categoría y que luego sería el primero de la misma. Me dio un poco de cosa, pero en el fondo me alegraba de haber podido mantener el tipo hasta el final y haber respondido muy bien en un circuito que no me era favorable.

EL INTERÉS DE LOS MEDIOS POR EL DESCALCISMO SIGUE MUY VIVO

Al final, segundo de mi categoría y dieciocho de la general con 59 minutos y 45 segundos. Y lo mejor de todo, sonriente y relajado solo diez segundos después de atravesar la meta. Cuando uno se pega un palizón corriendo todo lo que puede en quince kilómetros y luego estás apto para cualquier otra actividad, me parece que es lo que de verdad hay que festejar. Por eso, luego nos fuimos a celebrarlo.