10K de Godella. Afilando los pies para el verano.

 
Fotos del 10K de Godella 2017



Ayer en Godella volví a correr el 10K. Esta distancia saca lo mejor de mí porque por suerte me siento dueño de mis fuerzas en todo momento aunque apriete el acelerador hasta casi el fondo. Ahora combinando entrenamientos en montaña y en asfalto cuando me enfrento a esta prueba me siento pletórico y las sensaciones son muy estimulantes.

En la salida de la carrera me di cuenta de que este evento tenía bastante participación pues la cantidad de corredores era muy numerosa por todas partes. Eso ánima y mucho porque sabes que estás en una gran fiesta del atletismo popular. 

Era la primera vez que corría esta prueba y no tenía la más mínima idea de lo que me iba a encontrar, a parte de que el recorrido iba a ser de una única vuelta e iba a recorrer muchas de las calles de lo que es la urbanización Monte Olivar de Godella. Sí que tenía cierta idea de que no era un circuito llano algo que luego corroboraría. Me dijeron que quizás no era la más apropiada para correr descalzo porque me encontraría un tramo pedregoso. Pero bueno, es lo menos malo que te puedes encontrar cuando vas a correr a un lugar nuevo.

En la salida estaba con el amigo y corredor de Castellón Rafa Than planteándonos los dilemas de como afrontar las carreras para su mayor disfrute. La salida se retraso por el problema habitual de la regulación del tráfico y aún nos tocó estar casi un cuarto de hora más esperando ponernos en marcha. El único problema es que los músculos se te van quedando rígidos de tanto esperar.

Llego el momento de la salida y aunque me había colocado tan sólo a unos tres metros de la línea principal me pareció mentira toda la gente que podía salir estirada en un paquete que no parecía demasiado populoso. Total que aún me toco ir regateando unos cuantos cientos de metros hasta que llegué a un punto en el que ya podía ir a mi ritmo sin problema. Pero bueno, no perdí apenas tiempo y enseguida estaba corriendo a mucha velocidad porque los primeros tramos de la carrera eran cuesta abajo. Pensé que luego todo eso habría que subirlo, pero bueno, sería luego. Cuando vas corriendo a toda la velocidad que quieres e incluso un poco más, la verdad es que lo que venga luego te da un poco igual.

Los primeros cinco kilómetros fueron como la seda. Eso sí, cuesta arriba y cuesta abajo había que trabajar bastante para mantener un ritmo más o menos constante. A partir del kilómetro seis la cosa se fue complicando pues el asfalto comenzó a estar muy roto y lleno de grava y en el kilómetro siete el tramo de calidad. Me habían anunciado que había como medio kilómetro de camino rústico pedregoso. A estas alturas eso no me intimidaba pero el problema lo tenía en saber si podría mantener el ritmo y no perder mucho tiempo, ya que mi objetivo para ese día era mejorar mi resultado en la carrera del fin de semana anterior. Para mí fortuna, mis pies estaba respondiendo de forma maravillosa y pasaba corriendo sobre las piedras sin apenas perder ritmo. Aún así algún segundo perdí y de ir a una media de 3:45 minutos por kilómetro, bajé al final a 3.50. El problema en estas circunstancias cuando puedes mantener esos ritmos en terrenos poco ventajosos es que en realidad te estás cansando mucho más en poco tiempo. Y así cuando llegué al final de las piedras no tenía demasiadas fuerzas para intentar superar a los corredores que me habían rebasado en el camino. 

Bajar unos pocos segundos de media en una carrera de casi dos mil corredores supone que te van a pasar unos cuantos. No se cuantos lo hicieron exactamente en ese medio kilómetro, pero imagino que entre veinte, más o menos. Pensé, iluso, que podría recuperar esas posiciones, pero ni mucho menos, apenas recupere cuatro o cinco y aún doy gracias. Al salir del camino rústico estábamos ya cerca del kilómetro ocho y las fuerzas más que sobrarme me iban ya muy justas. Pero bueno, seguía en el lío y aún contento.  Los dos últimos kilómetros ya iba quemando los últimos cartuchos, con ganas de llegar pero a buen ritmo, algo que facilitaba el hecho de que ya todo iba cuesta abajo. Hacía rato que ya no miraba el reloj porque prefería ver al final que había pasado. Temía llegar con más tiempo que la semana anterior pero para mi sorpresa iba a entrar antes de los cuarenta minutos. Treinta y nueve con cuarenta y algún segundo, medio minuto menos que en Almussafes, con cuestas, asfalto en mal estado y un camino pedregoso. Realmente me sentía casi como si hubiese bajado cinco minutos. Ya daba el día y la carrera por muy bien empleada.

Había llegado el décimo de mi categoría y el 59 de la general, pero me sentía mejor que si hubiese ganado el primer puesto de un podium. Sentir la mejor a pesar de las dificultades es algo impagable y con una sonrisa en los labios y mucho sudor volví muy satisfecho a casa. Ahora a preparar la próxima.