Etapa 3. Camino del Fauno. De Fuentes de Ayodar a Montán.


Pisar piedras fue la norma en este trayecto

Una vez cambiado el punto de llegada a Fuentes de Ayodar, este se convirtió en el de salida de la siguiente etapa. Tenía que llegar a Montán y lo que introduciría esta variante es que en vez de ir por carretera secundaria todo el tiempo, la mitad del trayecto de ese día sería por pista forestal. Diez kilómetros primero de pista y luego unos nueve por carretera. 

De nuevo me fui al punto de salida con mi coche desde Castellón y esa sería la última etapa en la que me desplazaba ida y vuelta desde mi casa y ya con cierto esfuerzo, pues los kilómetros de montaña son mucho más lentos conduciendo. Además, al igual que en las otras dos etapas, en el punto de destino me esperaría Rosario acompañada de Emi Jr. La verdad es que toda mi familia estaba metida en el ajo hasta las cejas, algo que nunca se lo agradeceré lo suficiente.

Fuentes de Ayodar fue un punto de salida improvisado pero muy agradable.


Llegué con bastante tiempo a Fuentes de Ayodar para no tener aprietos con la hora de llegada. La cuestión es que pretendía llegar a Villanueva de Viver, luego me daría cuenta de que esa pretensión no era muy realista.

La pista forestal comenzaba nada más salir y se lanzaba hacia arriba con fiereza. Sólo hacía que subir por caminos forrados de piedras bastante puntiagudas. Entre la pendiente y la calidad del suelo mi velocidad de crucero era más bien de flotador de pato. Sin embargo el estar solo en un camino tan fiero como hermoso con un paisaje sobrecogedor me hacía sentir en una realidad gloriosa aunque dura. El camino era rojo y contrastaba con el verdor profundo del bosque y con la luz del próximo atardecer creaba un ambiente muy subyugante. Como no te podías detener, pues arrancar de nuevo en esas condiciones suponía mucho esfuerzo generaba una situación un tanto psicodélica. 

En cada recoveco surgía un rincón hermoso


Aunque con lentitud los kilómetros iban sucediéndose. Me daba la sensación de que el tiempo no estaba corriendo muy deprisa por lo ensimismado que iba sorteando piedras y deleitado con la vista del horizonte de montañas provocadoras. Por el kilómetro siete encontré una fuente que de nuevo se convirtió en un regalo pues pude rellenar mi botella y refrescarme los pies que tanto estaban guerreando esa tarde. Poco después me encontré el primer humano de la jornada que se ve que era un pastor de la zona. Como estaba totalmente sorprendido de la longitud de la pista le pregunté cuanto quedaba hasta salir a la carretera. Yo pensaba que debía estar a la vuelta de la carrasca, pero me sorprendió diciéndome que aún faltaban tres kilómetros más. Al final me iría a diez kilómetros de pista. 



Un regalazo del camino

Me estaba dando cuenta de que mi expectativa de llegar a Villanueva era totalmente infundada y tenía que avisar a Rosario para que no llegase allí y me esperase en Montán que era el pueblo anterior. Pero quería llegar antes al asfalto para poder calcular cuando estaría por fin en el final de esa etapa. Seguía trabajándome las ásperas piedras del terreno y me costaba mucho ir comiendo metro a metro. Por fín, llegué a la carretera comarcal y pisar el asfalto me supo a triunfo. Llame enseguida a Rosario pero ya estaba llegando a Villanueva por lo que le tocó dar vueltón extra para ir a recogerme a Montán.

Las carreteras de montaña son devoradas poco a poco por las rocas


Se había hecho bastante tarde y tuve que meter el turbo en la zona de asfalto, aunque entre las cuestas y que ya me había fundido bastante en el pedregal costaba acelerar. 
Al final, llegué a Montán tras tres horas y cuarto de trayecto y unos diecinueve kilómetros. Era una etapa válida pero con un alto precio en energías y logística. Volvimos ya muy tarde a Castellón, la siguiente etapa sería ya para quedarnos a dormir en la ruta.